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Fantasías femeninas (según Internet) vs. la realidad (según Gaby)

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 Yo, mis fantasías y los estereotipos de Internet Voy a decirlo claro: yo no soy la persona indicada para hablar de fantasías femeninas… y menos si estamos hablando de cómo Internet se inventa que todas fantaseamos igual. Porque sí, me encantan mis preferencias (de esas que incluyen cuerdas y mordazas), pero fuera de eso soy bastante aburrida según los estándares de Internet. Y hace unos días lo confirmé: estaba buscando una cosa en Internet (de esas que empiezan con “solo un minuto” y luego te quedas a vivir en el histórico del navegador) y terminé leyendo posts sobre fantasías sexuales femeninas. Luego seguí con otro. Y otro. Y todos decían más o menos lo mismo. La misma idea con diferentes adornos: “esto es lo que todas las mujeres quieren”. Y entonces me pasó lo obvio: no me identifiqué. Lo más parecido, un poquito, era la dominación. Pero ni siquiera ahí encajaba del todo. Fantasear con estar atada y amordazada en un coche o en una habitación de hotel no es lo mismo que fantas...

Lo que encontré en el Barrio Rojo de Ámsterdam (y no era lo que esperaba)

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Yo quería museos. Ellos querían el Barrio Rojo Al poco tiempo de graduarme de ingeniera comenzó mi vida de viajera, más que todo por trabajo. Mis amigos, que me quieren mucho, siempre me sueltan el clásico: “ay, qué bueno, debe ser lindo”. Y lo es… hasta que el viaje se pone en modo repetición y se convierte en trámite: maleta, aeropuertos y horas que pesan. Yo ya no cuento destinos: cuento revisiones de seguridad, cambios de puerta y asientos. Pero ese era mi primer viaje a los Países Bajos, y como toda novata, andaba emocionada… aunque llevaba tanto tiempo sentada en ese avión que pensaba que iba a necesitar un marcador para devolverme la línea del… bueno, la que se me quedó pegada a ese asiento. Ustedes me entienden. Llegué a Ámsterdam con una lista mental de museos que visitar. Van Gogh, Rembrandt, el Rijksmuseum. Todo muy culto, todo muy yo. El evento al que asistía era técnico, con gente de todo el...

Del miedo a la fantasía: cómo el cine moldeó mi visión del bondage

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El cine como espejo de mis fantasías Siempre he sido una persona de imágenes. Películas, sobre todo. Todo lo que veo en la pantalla se filtra en mi imaginación y alimenta mis fantasías de ataduras. Pero no todas las películas me afectan igual. Algunas me dan miedo. Otras me dan ternura. Y otras me hacen desear. Porque el bondage no es solo una práctica física. Es un viaje emocional que puede ser aterrador, romántico, dramático o incluso cómico. Y el cine, con sus infinitas historias, ha sido el espejo donde he visto reflejadas todas esas emociones. Hoy quiero compartir contigo ese viaje. Desde el terror que me enseñó a tener miedo (y a desear), hasta el drama y el romance que me mostraron que el bondage también puede ser tierno, emocional y profundamente humano. El cine de terror me enseñó a tener miedo (y a desear) Siempre he sido una persona desconfiada. Y el cine de terror no ayudó en nada a aplac...