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Lo que encontré en el Barrio Rojo de Ámsterdam (y no era lo que esperaba)

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Yo quería museos. Ellos querían el Barrio Rojo Al poco tiempo de graduarme de ingeniera comenzó mi vida de viajera, más que todo por trabajo. Mis amigos, que me quieren mucho, siempre me sueltan el clásico: “ay, qué bueno, debe ser lindo”. Y lo es… hasta que el viaje se pone en modo repetición y se convierte en trámite: maleta, aeropuertos y horas que pesan. Yo ya no cuento destinos: cuento revisiones de seguridad, cambios de puerta y asientos. Pero ese era mi primer viaje a los Países Bajos, y como toda novata, andaba emocionada… aunque llevaba tanto tiempo sentada en ese avión que pensaba que iba a necesitar un marcador para devolverme la línea del… bueno, la que se me quedó pegada a ese asiento. Ustedes me entienden. Llegué a Ámsterdam con una lista mental de museos que visitar. Van Gogh, Rembrandt, el Rijksmuseum. Todo muy culto, todo muy yo. El evento al que asistía era técnico, con gente de todo el...

Cómo mi imaginación convirtió a mi jefa en una fantasía

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Cómo mi imaginación convirtió a mi jefa en una fantasía No me pregunten cómo una simple conversación entre amigos hizo que un recuerdo especialmente vergonzoso saliera de lo más recóndito de mi memoria. Bueno, aquí va la cuestión. Mi ex jefa es lesbiana. Bueno, tal vez. Nunca me lo dijo. Nunca vi pruebas reales. Solo mi intuición: esa que llega sin evidencia, pero con una confianza ofensiva. Como aquella vez que mi intuición me juraba—con tono de oráculo—que algo pasaba con aquel chico… y él, bueno, al final estaba interesado en mi mejor amiga. Ahora que lo pienso, parece que mi intuición solo funciona cuando no le pido pruebas. En fin. Y no es que tenga nada en contra de las lesbianas, o que yo sea lesbiana. Para nada. De hecho, nunca he sentido atracción por una mujer. Bueno, quizá una vez, en la universidad, pero fue una cosa de un segundo, y además ella tenía una voz muy grave, y yo estaba confundida...