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Mostrando las entradas de abril, 2017

Mi primera gran aventura atándome yo sola

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La libertad de explorar Vivir sola por primera vez fue sentir que el mundo ya no tenía ojos… y mi imaginación, como era de esperar, sí. Mi habitación, en cambio, parecía conocerme demasiado bien. Bastaba con cerrar la puerta para que me bajara las defensas… y mi cerebro de damisela en apuros se ponía a escribir escenas como si fuera temporada nueva. Eso sí, esta no fue la primera vez que me ataba yo solita. La primera vez fue en la adolescencia: poco espacio, poco tiempo a solas y mucha vergüenza por si alguien me descubría. Era una combinación explosiva de nervios y emoción… del tipo “solo serán unos segundos”, porque mi orgullo duraba menos que el mecanismo del susto. Y las veces con mis amigas no cuentan, pues, porque estaba con mis amigas. Obvio. Y sí, la universidad me cambió el ritmo. Ya no era “ocultar” lo que quería explorar; ahora era “elegir cuándo existo” dentro de mi propio tiempo. La residencia tenía su magia de pasillo, su logística de horarios y ese ambiente de “todos es...

Cómo le conté a mi pareja que me gustaban las cuerdas

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Confesar un fetiche da mucho más miedo de lo que parece Si alguien me pregunta si tengo algún fetiche, con toda seguridad mi respuesta sería algo muy parecido a esto: “¿Yo? Nooo, claro que no… para nada… en serio… No.” Sonrisa nerviosa y sonrojamiento automático incluidos. Y eso que no mencioné el sudor frío, la taquicardia, el… bueno, todo eso. Pero cuando se trata de contarle tu secreto más íntimo a tu pareja… Ay madre mía. Sí, ya sé lo que están pensando (saben, tengo algo de bruja): que soy una dramática incorregible. Puede que tengas razón pero puedo apostar que quedó claro que, para mi, esa no es una situación muy de mi agrado.   Si llegaste hasta aquí porque estás intentando descubrir cómo contarle a tu pareja uno de esos secretos que hacen que quieras esconderte debajo de la cama... bienvenida. Yo también estuve ahí. Y si solo llegaste porque te dio curiosidad saber cómo terminó s...

Cómo descubrí mi fascinación por las cuerdas

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¿Cuándo empezó todo? Aunque, más bien la pregunta debería ser: “Por qué el pensar en eso hace que aun me sonroje?”. En fin. Hay preguntas que me hacen sonrojar… o sonreír, o emocionarme (… o todo eso a la vez, jajaja), porque ni yo misma sé responderlas del todo. Por ejemplo... ¿Cuándo empezó todo esto? O mejor dicho… ¿Cuándo fue exactamente que unas cuerdas dejaron de ser simplemente unas cuerdas y comenzaron a convertirse en protagonistas de mis fantasías? Y si solo fueran las cuerdas, jajaja. Las correas también causan el mismo efecto. Incluso esa odiosa cinta adhesiva gris (aunque no esté en mi lista de favoritos). Hasta un simple pañuelo me hace recordar el sonido amortiguado de mi voz intentando decir que me pica la nariz, jajaja. Qué raro, yo divagando. ¿Cuál era la pregunta? Ah, sí... ¿Cuándo empezó realmente mi fascinación por las historias de damiselas en apuros? Me encan...