El origen de mis fantasías: Sweet Gwendoline y yo
La teoría de la misma letra “Su nombre empieza con la misma letra que el mío”. Ese pensamiento repentino se estrelló en mi cerebro con la fuerza del meteorito que extinguió a los dinosaurios. Yo, que era (Ok, aun soy) capaz de creer en señales absurdas con tal de sentirme protagonista, me quedé en shock. Era como si el universo me guiñara el ojo y me susurrara al oído: “¿ves? sí existe la madriguera del conejo… ven”. Y mi cerebro, que por esos días había aprendido a ir más rápido que la luz cuando le convenía, comenzó a armar equivalencias raras y llegó a la conclusión más obvia del mundo: “A Gwendoline… Sweet Gwendoline… y a mí nos atrae lo mismo”. Totalmente normal, ¿verdad? (No. Obvio que no. ¿O sí?). Y cuando te das cuenta, ya te inventaste una versión alternativa de ti misma, con apodo, personaje y hasta estética propia.… como si encontrarla hubiera sido encontrar una clave: “ok, entonces yo también puedo ser… Sweet Gaby”. Mucho después aprendí que detrás de Sweet Gwendoline ...