Fantasías en el café: cuando mi mente se fue demasiado lejos
La tarde de café que se convirtió en otra cosa "La tierra llamando a Gaby, cambio." La voz de Claudia me sacó del trance. Mis ojos se desprendieron de la furgoneta blanca que observaba al otro lado de la ventana y se enfocaron en su cara, que me miraba con esa combinación de recriminación y diversión que solo los buenos amigos dominan. "Ay, perdóname," murmuré, sintiéndome culpable de inmediato. "Cuéntame, soy todo oídos." Claudia puso los ojos en blanco de una manera que decía no me vengas con eso. "Gaby, en serio. Últimamente te pasas en otra galaxia. Dime, ¿Qué está pasando dentro de esa cabecita loquita tuya?" Tomó un sorbo de café—ustedes saben ese tipo de sorbo cómplice—y me observó por encima de la taza con esos ojos que me leen como un libro abierto. Me sentí descubierta. Y yo no me atrevía a decirle simplemente la verdad. ¿Cómo iba a soltar “Ay amiga, estoy fantaseando con cosas que probablemente te escandalizarían”? Así que hice lo que...