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Fantasías en el café: cuando mi mente se fue demasiado lejos

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La tarde de café que se convirtió en otra cosa "La tierra llamando a Gaby, cambio." La voz de Claudia me sacó del trance. Mis ojos se desprendieron de la furgoneta blanca que observaba al otro lado de la ventana y se enfocaron en su cara, que me miraba con esa combinación de recriminación y diversión que solo los buenos amigos dominan.  "Ay, perdóname," murmuré, sintiéndome culpable de inmediato. "Cuéntame, soy todo oídos." Claudia puso los ojos en blanco de una manera que decía no me vengas con eso. "Gaby, en serio. Últimamente te pasas en otra galaxia. Dime, ¿Qué está pasando dentro de esa cabecita loquita tuya?" Tomó un sorbo de café—ustedes saben ese tipo de sorbo cómplice—y me observó por encima de la taza con esos ojos que me leen como un libro abierto. Me sentí descubierta. Y yo no me atrevía a decirle simplemente la verdad. ¿Cómo iba a soltar “Ay amiga, estoy fantaseando con cosas que probablemente te escandalizarían”? Así que hice lo que...

Pandemia, lencería y bondage: la fantasía que no llegó al centro comercial

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Cómo empezó la aventura ¡Hola! Sí, ya sé que llevo tiempo sin escribir. Entre las obligaciones, la vida cotidiana y esa maravillosa capacidad que tengo para posponer las cosas, aquí estoy otra vez. En el momento en que me senté a escribir no tenía muy claro que contarles. Y como no se me ocurría nada brillante sobre lo que escribir, puse a mi cerebro a desclasificar recuerdos de esos que no le contarías a nadie por temor a que se empiecen a alejar de ti con cuidado y sin perder contacto visual. Pero al final, me dije a mí misma “Bueno, Gaby, una vergüenza más no va a hacer mucha diferencia. Esto ocurrió durante la pandemia. Fue una época dura, hasta trágica para muchos. Mis recuerdos no llegan en orden ni con música de fondo, pero sí con sensaciones muy claras: días largos, rutinas raras y una forma de sobrevivir que para mí tuvo mucho de estar en casa y mucho de inventarme excusas para no venirme abajo. Aun así, en medio de todo, mi mente se puso creativa… y ahí es donde empieza mi ve...

Desperté en una habitación oscura, atada y en ropa interior

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El despertar Todo empezó con el típico momento en el que te despiertas sin entender dónde estás. Ya saben, ese segundo en el que tu mente aún está apagada… pero tu cuerpo ya activó el modo “desorientación con presupuesto cero”. Abrí los ojos y lo único que vi fue oscuridad. Oscuridad de la que te hace dudar si tu cuarto tiene paredes o si estás dentro de una bolsa. Al cabo de un rato pude distinguir algo. Sí, había una habitación. Oscura. Húmeda. Y peligrosamente convincente. Intenté moverme. Pero todo quedó en eso, en un intento. Mis manos estaban juntas, detrás de mi espalda, como si estuviera… ¿atada? Y mis piernas también: quietas, unidas, en total solidaridad con mis manos. ¿Pero cómo? ¿Y por qué? Bueno… con cuerdas, obvio. Las podía sentir. Mi cerebro quizás estaba en pausa, pero mi piel sí sabía “leer” las señales. El porqué, en cambio, era un misterio para mí aturdida cabecita: yo estaba segura de que hoy tocaba otra cosa, tipo vida normal, café y algún plan medianamente sensat...

Fantasías femeninas (según Internet) vs. la realidad (según Gaby)

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 Yo, mis fantasías y los estereotipos de Internet Voy a decirlo claro: yo no soy la persona indicada para hablar de fantasías femeninas… y menos si estamos hablando de cómo Internet se inventa que todas fantaseamos igual. Porque sí, me encantan mis preferencias (de esas que incluyen cuerdas y mordazas), pero fuera de eso soy bastante aburrida según los estándares de Internet. Y hace unos días lo confirmé: estaba buscando una cosa en Internet (de esas que empiezan con “solo un minuto” y luego te quedas a vivir en el histórico del navegador) y terminé leyendo posts sobre fantasías sexuales femeninas. Luego seguí con otro. Y otro. Y todos decían más o menos lo mismo. La misma idea con diferentes adornos: “esto es lo que todas las mujeres quieren”. Y entonces me pasó lo obvio: no me identifiqué. Lo más parecido, un poquito, era la dominación. Pero ni siquiera ahí encajaba del todo. Fantasear con estar atada y amordazada en un coche o en una habitación de hotel no es lo mismo que fantas...

Relatos de clóset

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Yo intentando convencerlo de que las ataduras eran “totalmente normales” Supongo que muchos de ustedes habrán leído relatos donde la gente “sale del clóset”. Bueno… ese no fue mi caso, no hubo salida. Hubo entrada. Y con puerta de por medio. Sí: me metieron en el clóset. Literal. Y, aunque suene exagerado, lo más irónico es que yo misma había empezado todo con la misma energía de siempre: la de “yo estoy segura de que esto te va a encantar”. Por esos días yo ya estaba intentando explicarle que lo mío con el bondage no era una ocurrencia pasajera. Yo quería convencerlo de que me gustaban las ataduras. Totalmente normal, totalmente lógico, totalmente… “¿por qué pones esa cara?”. Pero él no me la ponía fácil. ¿Resultado? Que no se me quitó “la locura”. Al contrario: se me fue acumulando hasta que una noche hizo “boom”. Plan romántico con sorpresa: terminó mal (o mejor dicho: terminó distinto) Esa noche había planeado un gran momento. Mi lógica: cuando me pongo lencería, él monta un drama ...

Un cuento de chantajes, cuerdas y mordazas

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El mensaje   “Ya sabes lo que tienes que hacer.” Eso era todo lo que decía el email, pero venía con el peso extra de las fotos: las que yo quería evitar a toda costa. Fotos mías. Reveladoras. No solo por lo que mostraban, sino por lo que implicaban: que alguien había mirado donde no debía, cuando no estaba yo. Que mi vida privada ya no era privada, solo era material en espera de una respuesta. Y lo peor… lo peor es que era mi jefe. El pervertido de mi jefe. El hombre que en la oficina hablaba como si el mundo fuera simple, como si todo se arreglara con una sonrisa y una frase bien colocada. El mismo que, desde hace tiempo, se me quedaba cerca cuando no tocaba; el mismo que se permitía insinuaciones tan largas que mi cabeza empezaba a inventarse excusas para no sentir miedo. Yo lo rechacé siempre. Hasta que, claro, llegó el día en que rechazar no fue suficiente. Porque él no apareció de la nada. Se ...

Lo que encontré en el Barrio Rojo de Ámsterdam (y no era lo que esperaba)

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Yo quería museos. Ellos querían el Barrio Rojo Al poco tiempo de graduarme de ingeniera comenzó mi vida de viajera, más que todo por trabajo. Mis amigos, que me quieren mucho, siempre me sueltan el clásico: “ay, qué bueno, debe ser lindo”. Y lo es… hasta que el viaje se pone en modo repetición y se convierte en trámite: maleta, aeropuertos y horas que pesan. Yo ya no cuento destinos: cuento revisiones de seguridad, cambios de puerta y asientos. Pero ese era mi primer viaje a los Países Bajos, y como toda novata, andaba emocionada… aunque llevaba tanto tiempo sentada en ese avión que pensaba que iba a necesitar un marcador para devolverme la línea del… bueno, la que se me quedó pegada a ese asiento. Ustedes me entienden. Llegué a Ámsterdam con una lista mental de museos que visitar. Van Gogh, Rembrandt, el Rijksmuseum. Todo muy culto, todo muy yo. El evento al que asistía era técnico, con gente de todo el...