Del miedo a la fantasía: cómo el cine moldeó mi visión del bondage

El cine como espejo de mis fantasías

Siempre he sido una persona de imágenes. Películas, sobre todo. Todo lo que veo en la pantalla se filtra en mi imaginación y alimenta mis fantasías de ataduras. Pero no todas las películas me afectan igual. Algunas me dan miedo. Otras me dan ternura. Y otras me hacen desear.

Porque el bondage no es solo una práctica física. Es un viaje emocional que puede ser aterrador, romántico, dramático o incluso cómico. Y el cine, con sus infinitas historias, ha sido el espejo donde he visto reflejadas todas esas emociones.

Hoy quiero compartir contigo ese viaje. Desde el terror que me enseñó a tener miedo (y a desear), hasta el drama y el romance que me mostraron que el bondage también puede ser tierno, emocional y profundamente humano.

Gaby frente a un antiguo archivador de cine, dudando si abrir el cajón etiquetado “Harley Quinn”

El cine de terror me enseñó a tener miedo (y a desear)

Siempre he sido una persona desconfiada. Y el cine de terror no ayudó en nada a aplacar ese sentimiento. Pero sí me llamaban la atención. No están en mi lista de favoritas pero igualmente las veía. Y las sigo viendo. Porque para una persona que, como yo, tiene una fascinación por las ataduras, algunas películas de terror tenían alguna que otra cosa que aportar. Aunque me diesen miedo.

En mi caso miedo y deseo siempre han guardado cierta relación en mis fantasías (es una mezcla emocionante en ese contexto). Y puede que no sea la única a la que le pasa eso.

No sé si ustedes también (asumo que sí), pero yo empecé en este mundo de las ataduras atándome yo solita. Sí, como ya les dije, soy muy desconfiada (iba a escribir "era", pero la verdad es que no he cambiado nada, jajaja). No es que los lleve contados (bueno, ahorita sí lo estoy haciendo) pero sobran dedos de una mano para contar las personas que han tenido el placer de tenerme bien atadita (sí, lo sé, que falta de modestia la mía).

Cuando las cuerdas me daban miedo

Mis primeros recuerdos sobre alguien que me tuvo en su poder se remontan a una época en la que todo era más sencillo, más inocente y mucho más honesto en cierto sentido. La confianza venía sin tanto trámite. Ella era una persona con la que podías jugar, confiar, explorar y sentirte segura al mismo tiempo.

Era simplemente jugar a ser vulnerable sin estar constantemente evaluando el riesgo. No pasó nada aparte de atarnos (así que dejen de estar imaginando historias).

Aunque hay algo que no se me olvida: mi amiga me recuerda mucho a Harley Quinn. No porque se parezcan físicamente (ja, ya quisiera mi amiga), sino por la carita de loca que ambas tienen.

Por eso, cuando vi “Sociopathia” me llegó cierto recuerdo de ella, no porque sea igual de loca que la protagonista (uy no, que susto) sino por esa capacidad de alterar el equilibrio emocional de otra persona sin proponérselo necesariamente.

Pero la película también me llevó a cuestionarme cosas más serias acerca de cuánto conoces a la persona a la que le das tu confianza. Esto era algo que me asustaba mucho.

Aquí les dejo el tráiler de la película, por si quieren saber un poco más de la misma.

Cuando empecé a desconfiar de las personas adecuadas

Y entonces, mientras veía "Sociopathia", me di cuenta de que la confianza no siempre es segura. Y que el miedo no solo viene de las cuerdas, sino de las personas que las sostienen.

Ya más grandecita descubrí que había cosas todavía más inquietantes. Y mis temores fueron en aumento. Al igual que mi desconfianza.

Ya el problema no estaba solo en que alguien me tuviese atada. El problema mayor era qué planes desconocidos tenía esa persona luego de que me tuviera atada.

Aquí les dejo otro video. Esta vez, no es de una película, es de una serie llamada “Emmerdale”, pero creo que sirve para ilustrar el punto.

La mujer esposada a la cama (Bernice Blackstock) conoce por Internet al malo de la serie (Anton Bluth) y tienen una supuesta cita romántica. Mentira. Él solo quería robar pertenencias de la casa y huir. Y Bernice se quedó esposada a la cama hasta que la rescataron.

¿A alguno de ustedes se le ocurriría dejarse esposar a la cama por alguien que acaba de conocer por Internet? No se ustedes, pero yo ni loca.

Ella confió demasiado rápido en una persona que conocía poco o nada, se encontró en una posición vulnerable ante Anton y cedió el control antes de haber construido confianza (y eso, en mi caso, lleva tiempo). Y en este caso Anton resultó ser un estafador y ladrón.

Por eso mi desconfianza, exagerada como yo, siempre me hace preguntarme ¿Y si la persona que parece encantadora resulta no ser quien dice ser? Y esa preocupación existe tanto dentro como fuera del mundo del bondage.

Emmerdale no me enseñó a tener miedo de las esposas. Me enseñó a tener miedo de la confianza mal depositada.

Cuando descubrí que los accidentes también existen

Y en este momento pensaba decirles que había dejado lo mejor para el final. Pero, la verdad, ahora que recuerdo esta película creo que es todo lo contrario.

A continuación el trailer de una película basada en un libro de Stephen King. Con eso creo que lo dije todo.

En mi cabecita me decía a mí misma: "no quiero ver, no quiero ver". Pero bueno, sí que me vi la película completa. Esa noche no dormí nada.

Lo que me asustó de Gerald's Game no fue la idea de quedar esposada a la cama (no me gustan las esposas, y ahora menos). Porque digamos que, sí, ya estoy un poquito acostumbrada a eso, no a la parte de las esposas… pero ustedes entienden.

Lo que realmente me asustó fue algo mucho más simple: que algo saliera mal. Que un juego perfectamente planeado terminara convirtiéndose en un problema real. La posibilidad de que nadie viniera a rescatarme en esa situación.

Después de mi amiga "Harley" (esa loquita, la extraño) y de Bernice (la de “Emmerdale”, ¿no me digan que ya se les olvido?) yo todavía podía tranquilizarme pensando que el problema era escoger bien a las personas.

Gerald's Game me bajó de esa nube de un solo golpe. Porque aquí no hay un estafador. No hay una traición. No hay un villano.

Solo un accidente.

Y de repente descubrí que incluso haciendo todo bien las cosas podían salir mal (que juego de palabras tan interesante).

Durante un tiempo esta película consiguió algo que nada ni nadie había logrado hasta ese entonces: quitarme completamente el deseo de seguir disfrutando del bondage.

Aunque, bueno, ya saben cómo soy. Esa etapa no duró mucho. Luego recobré la cordura (ok, solo un poquito) y seguí disfrutando de las ataduras.

Gerald's Game no acabó con mis fantasías. Lo que hizo fue enseñarme a respetarlas.

Desde entonces siempre tengo a mano una forma de liberarme, una manera de pedir ayuda o un plan de escape.

Porque puede que la seguridad no se sienta como la parte más emocionante de una fantasía, pero sí es una parte importante de ella, es esa parte que se encarga de que la fantasía pueda seguir siendo una fantasía.

Cuando entendí que una fantasía podía ser solo una fantasía

Y fue precisamente después de pasar por todos esos temores (donde las ataduras eran un problema, una amenaza o una trampa) cuando descubrí algo que las películas de terror nunca me habían mostrado. Descubrí “Belle de Jour”. Y fue extraño por decir lo menos.

Por primera vez me encontré con una historia donde el interés no estaba en escapar de las cuerdas, sino en comprender por qué alguien podía desear voluntariamente una situación de vulnerabilidad.

En la película de Luis Buñuel, Catherine Deneuve interpreta a una mujer burguesa que acude a un burdel para satisfacer sus deseos masoquistas. No hay monstruos ni asesinos, solo el retrato de una mujer que explora su sexualidad a través del juego de poder.

Aquí les dejo el tráiler.

Ahí entendí que el miedo y el deseo no siempre van de la mano. A veces, el deseo es más sutil, más elegante. Como en “Belle de jour”, donde la sumisión no es una condena, sino una elección.

Cuando la vi por primera vez, no entendí por qué me fascinaba. Luego, años después, comprendí que era porque la protagonista no era una víctima. Era una mujer que elegía su propia jaula. Y eso, para mí, era mucho más interesante que cualquier película de terror.

Tal vez por eso sigo viendo estas historias tantos años después. Ya no porque quiera sentir miedo, sino porque cada una me enseñó algo distinto sobre la confianza, la vulnerabilidad y la fantasía. Y porque, de una forma u otra, todas terminaron formando parte de la historia que me convirtió en la Gaby que soy hoy.

¿Tienes alguna película, serie o telenovela que te haya hecho sentir esa mezcla de miedo y deseo? ¿O alguna escena que te haya hecho replantear tu relación con el bondage? Cuéntamelo en los comentarios. Me encanta saber que no soy la única que ha mirado el cine con otros ojos. 🖤

Comentarios

  1. Oh!, qué miedo la escena de Gerald... me dio curiosidad por ver la película completa.
    Saludos!
    -EI-

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  2. Así es, y ya me hiciste recordar nuevamente esa película. Ahora voy a estar como una semana lejos de las cuerdas otra vez 🤣

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  3. Si un día ños conocemos me gustaría practicar y hacer nuestras fantasías. Realidad...

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